LOBO- PRIMERA PARTE
...continuación de la anterior deviation...
El verano se presentaba en su máximo esplendor y las cosas parecían mejorar por fin. Después de aquella noche, ya no volvimos a sacar el tema de Alphonse, cosa que supuso un alivio, sobre todo para Héctor, aunque supongo que también para mí.
Noah ya salía a jugar con los niños. A menudo, era él el que acompañaba a Héctor a cazar mientras yo cuidaba a los pequeños. Decía que después de tanto tiempo guardando cama sus músculos estaban vagos y fláccidos, y que tenía que activarlos y fortalecerlos, o si no, no podríamos partir nunca.
- ¿Estás seguro de que te quieres ir?- le pregunté aquella mañana. La pregunta no era tan inocente como parecía. En realidad la formularon mis celos, que habían ido creciendo poco a poco, sobre todo en cuanto Noah empezó a salir con más regularidad a pasear y a cazar con Héctor. También salía conmigo, no digo que no, pero cuando me quedaba yo con los niños y ellos estaban fuera más tiempo del que me hubiera gustado, me volvía loco pensando qué estarían haciendo, de qué estarían hablando, qué se estarían confesando.
Noah entendió perfectamente qué quería decir con aquella pregunta, y me contestó de mala gana.
- No, mejor vete tú solo, yo me quedaré aquí retozando en la cama con Héctor y riéndome de lo estúpido que eres que no nos has visto nunca mientras te estaba poniendo los cuernos- dicho esto salió de la habitación y se fue a tomar el aire fuera. Yo me di cuenta entonces de que había sido un idiota, y me fui tras él, llamándole. Noah se detuvo y yo le alcancé y le abracé por la espalda.
- Perdóname Noah. He sido un tonto.
- Es suave esta palabra para describir lo que eres, Jack Moon- se giró de repente y me miró muy serio-. No puedo creer que realmente pienses todas estas cosas que dices.
- Pero si no he dicho nada
- No hace falta. Lo sé, Jack, sé lo que piensas. Entiendo qué significa realmente cada una de tus frases, cada una, aunque a veces ni tú mismo parece que sepas lo que estás diciendo- no me vi capaz de responderle nada-. ¿Cuántos años hace que nos conocemos, Jack?
- No lo sé. Muchos.
- Muchísimos. En verdad, desde que tengo uso de razón que te recuerdo. Se podía decir que nacimos juntos.
- Cierto.
- Y hemos compartido muchas cosas, desde que éramos niños. Y ahora, Jack, ahora hace años que vagamos los dos, sólo con la compañía del otro. Hemos vivido mucho juntos, y creo que me conoces mejor de lo que me conozco a mí mismo, y al revés- Noah suspiró, se apartó un poco de mí y se pasó una mano por la frente, como si le doliera la cabeza-. O por lo menos eso es lo que creía. Desde que estamos aquí te has vuelto un paranoico. No dejas de ver cosas donde no las hay, sospechas, dudas de mí. ¡Dudas de mí! Jack, ¿cómo es posible eso?- de nuevo no fui capaz de responder nada. Me quedé mirándome las puntas de los pies-. Aunque estuviera enfermo, he intentado por todos los medios que la gente de mi alrededor se sintiera cómoda y feliz. ¿Sabes lo difícil que es eso? ¿Sabes lo duro que resulta cuando la persona a la que más feliz quieres hacer, a la que más amas en el mundo entero, por encima de todas las cosas, es la que más te da la espalda? No entiendes nada, Jack. No entiendes lo mucho que te he necesitado. Tú sólo estabas pensando en alejar a Héctor de mí, en separarme de la persona que nos ha salvado la vida. Él sí que me ha cuidado, y de lo único de lo que puedes acusarme es de confesarle a Héctor todo lo que no te podía decir a ti. Todo lo que estaba sufriendo porque parecía que para ti yo había dejado de ser tu compañero para pasar a ser el premio para el mejor de los dos. Eso no es una competición entre Héctor y tú, Jack. Y si lo fuera
si lo fuera, haría ya años que la habrías ganado. Desde que nos conocimos que la habrías ganado.
- Noah
Noah, lo siento mucho- me acerqué a él e intenté abrazarle, pero él me apartó los brazos con delicadeza y dio un paso atrás.
- Lo sé, Jack. Pero estoy tan cansado ya de todo esto
Desde siempre te he amado. Desde que jugábamos a que mi padre era un ogro hasta que te salvé hace años. Desde entonces hasta ahora, desde ahora hasta el día en que muera; siempre, siempre te amaré. ¿Qué más necesitas? Te lo he dedicado todo, mis sueños, mis esperanzas, mis pensamientos; todo gira en torno a ti. Mi vida entera eres tú. Si con mi amor no es suficiente, ¿qué tengo que hacer?
- Noah
- me acerqué a él y esta vez sí que dejó que lo abrazara. Despacio, dulcemente, lo rodeé con mis brazos y lo estreché fuerte contra mí-. Perdóname. Lo siento. He sido estúpido, envidioso, desconsiderado, ciego, paranoico y el más grande idiota que ha pisado jamás este mundo. Lo sé, perdóname Noah. Estaba tan preocupado por mí mismo que no me paré a pensar en daño que te estaba haciendo- finalmente él también correspondió a mi abrazo.
- ¿Qué quieres de mí?- me preguntó de repente, alzando su rostro hacia mí y mirándome con expresión angustiada.
- A ti. Quiero que todo sea como antes. Quiero que nos abracemos como antes, que hablemos, que nos riamos, que nos acariciemos. Quiero que me ames igual que has hecho siempre, con paciencia y ternura. Quiero enfadarme contigo y olvidarlo a los dos minutos. Quiero lo que siempre me has dado. Pero esta vez, te juro que lo valoraré por encima de todo. Te juro que tú serás siempre lo primero para mí. Pero, por favor, a partir de ahora, tienes que contarme si te sientes mal o si hago algo que te moleste. ¿De acuerdo?
Por toda respuesta, Noah pasó sus brazos alrededor de mi cuello y me besó. No recuerdo beso que sintiera más dentro de mí. Se me puso la carne de gallina, me sonrojé. Noté su calor, su ternura, su afecto penetrar en mí y disipar cualquier otro sentimiento. Ya no me acordaba de los celos, ni de la desconfianza.
- Jack
- ¿Mmm
?
- Quiero estar contigo.
- Estás conmigo, no te preocupes. Y esta vez no te dejaré de lado.
- Lo sé
- me miró, muy sonrojado. Luego miró a nuestro alrededor, y muy bajito, dijo-: Hace meses que no
que no estamos juntos
- Ya lo sé, cariño. No volverá a ocurrir.
- Quiero decir que hace meses que no nos acostamos juntos
- por fin entendí lo que quería decirme y me puse a reír. Pensé que sería divertido tomarle el pelo un rato.
- Pero de qué hablas, si cada día dormimos juntos
- ¡Jack!- se apartó de golpe de mí y se fue, haciéndose el enfadado. Yo le seguí y le hice cosquillas.
- Sé de un lugar
Caminamos un rato cogidos de la mano. Nos adentramos en el bosque y llegamos cerca del lugar donde por primera vez vimos a Alphonse y Edward. Nos paramos en un claro salpicado de flores y nos abrazamos. El sol tocaba de lleno en aquél lugar, y lo inundaba todo de color y alegría. Noté a Noah otra vez feliz. Sus mejillas estaban teñidas de rubor y sus ojos eran como dos soles. No podíamos dejar de besarnos y abrazarnos.
- Aquí nos vamos a chamuscar- me dijo Noah. No sé cómo, pero ambos estábamos ya medio desnudos.
- Tienes razón- dije, y nos pusimos a reír, cogidos de la mano, y nos escondimos detrás de unos arbustos.
Nos amamos despacio, con tranquilidad, con ternura. Jamás he probado néctar más dulce que sus labios, su piel. No podía dejar de abrazarle, quería mantenerlo para siempre a mi lado. Desde que murieron mis padres, estar junto a Noah es el mayor regalo que me han hecho en la vida. Ahora que se me acaba, recordar estos momentos me hace pensar que ha merecido la pena vivirla. Aunque sólo fuera por él.
- Pronto nos podremos ir, Jack. Hacia la costa, y alejarnos para siempre de toda esta
-
mierda- acabé yo. Noah me había asustado. Tendido en la hierba, a la sombra, desnudo, con él reclinado sobre mi pecho, me había entrado un sueñecito muy dulce del que sus palabras me habían sacado a regañadientes.
- No seas así- me riñó, pero vi que se le escapaba la risa-. Pero supongo que en parte tienes razón.
- En gran parte.
- Sí.
Noah volvió a apoyar su cabeza en mi hombro y jugueteó con mi pecho con las puntas de sus dedos.
- ¿En qué piensas?- sin darme cuenta, nos habíamos quedado los dos en silencio. Yo seguía contemplando las copas de los árboles que nos ofrecían su cobijo, y jugando distraídamente con los rizos de Noah.
- No lo sé- respondí-. Supongo que en
bueno, en algo en lo que he estado pensando estos días
- Noah cruzó los brazos encima de mi pecho y apoyó su cabeza en ellos.
- ¿No será lo que yo pienso, no?
- No lo sé. ¿Qué piensas?
- Que sigues con el tema de Héctor.
- No, tranquilo, no es eso.
- ¿Entonces?
- Verás, cuando partamos con el barco
supongo que será para no volver nunca más, ¿verdad?
- Sí. ¿No crees que es lo más razonable?
- Sí, sí, no digo que no, cielo. Es sólo que
es sólo que me gustaría visitar nuestro pueblo antes de irnos.
- ¡¿Cómo?!- Noah se incorporó de repente con los ojos como platos-. Espero que estés bromeando, Jack Moon, o la tendremos gorda
- No estoy bromeando- me incorporé yo también para poder hablar mejor con mi amigo-. Noah, lo digo muy en serio. Compréndelo
No volveré nunca más aquí. Hollbruck es el pueblo que me vio nacer y
-
y que te vio medio moribundo en un cadalso, y que vio morir asesinados a tus padres, y vete a saber tú las atrocidades en las que estaban pensando los habitantes del pueblo que te vio nacer. Jack, eso es una locura.
- Lo sé
- le dije, en tono de disculpa, y bajé la cabeza, avergonzado-. Pero no lo puedo evitar. Quiero volver y despedirme definitivamente de eso, de esta parte de mi vida. Me da la sensación que sólo así podré pasar página para siempre, y empezar de nuevo.
- Jack
- Noah me puso la mano en la mejilla y lentamente me condujo hasta sus labios y me besó-. Jack tú sabes que yo te seguiré hasta el fin del mundo. No creo que sea una buena idea, pero si piensas que es lo mejor, entonces hagamos los equipajes y marchémonos- Noah se levantó con expresión triste y empezó a vestirse. Cogió el resto de su ropa y se dispuso a marcharse del claro. Yo me levanté enseguida y corrí hasta alcanzarle.
- Espera, Noah
espérame
- Noah se detuvo y se giró. Yo le abracé.
- Tienes razón. Te has arriesgado tantas veces por mí. Has sacrificado tanto sólo por cumplir mis estúpidos deseos. Ahora seré yo quien ceda. Nos iremos de aquí para siempre y nadie nos encontrará- Noah esbozó una enorme sonrisa, bonita y radiante como el sol de la mañana, y me abrazó más fuerte.
- Gracias Jack, te quiero. Pero ahora
- Noah se apartó, me pegó un cachete en el trasero y se fue corriendo-. ¡Vístete, pervertido!- y se puso a reír.
Pero justo cuando parecía que las cosas irían bien; cuando pensé que mi relación con Noah sería más maravillosa y especial cada día; cuando empezaba a ser feliz de verdad; justo entonces, las cosas se torcieron.
Aquella noche hicimos una gran cena de la que nos encargamos Noah y yo. Fue un momento muy alegre y divertido. Nos sentíamos muy bien y nos lo pasamos en grande con los niños, que nos ayudaban a preparar la comida. Sólo sé que comimos mucho, que reímos durante horas, y que nos fuimos a dormir satisfechos de estómago y de espíritu.
Ya llevaba unas horas durmiendo cuando de repente me despertó un murmullo. Normalmente suelo dormir muy profundamente, pero aquella vez la barriga me dolía y no pude conciliar bien el sueño. Tardé un poco en identificar dos voces humanas en ese murmullo. Las voces de Noah y Héctor.
- Te he echado tanto de menos, mi amor
- Por favor, Héctor. Tienes que olvidarme.
- Yo te quiero
- Pero yo me tengo que ir. Y no volveré ya más. Esto tiene que acabarse. Lo siento, Héctor.
No podía creerme lo que oía. Al principio pensé que era una pesadilla, pero entreabriendo los ojos lo vi claramente. La tenue luz de la luna creciente iluminaba la escena que yo contemplaba con horror. Héctor estaba arrodillado al lado de la cama de Noah. Tenía los ojos muy abiertos y le cogía de la mano. Con la otra mano, le acariciaba la mejilla a mi amigo, que tenía los ojos cerrados, y luego se besaron en los labios.
Mi corazón se hizo añicos en aquél preciso instante. Creo que me quedé paralizado, sin ser consciente de lo que pasaba a mi alrededor durante horas, porque de repente me sentí como si despertara de un sueño, y Héctor ya no estaba. Noah yacía en la cama con los ojos medio abiertos, y oí que sollozaba. Yo me giré y le ignoré. Ya tenía suficiente trabajo enjuagando mis lágrimas como para secar también las suyas.
- Jack, ¿qué haces?
- Mi maleta, ¿no lo ves?
- Pero
¿a dónde vas?
- A mi casa.
Noah me miró con los ojos como platos mientras ponía mis cosas en el fardo.
- ¿Por qué coges la cadena?
- Porque la voy a necesitar.
- ¿Es que no está bien en mi equipaje?
- ¡¿Te quieres callar ya?!- le grité finalmente. Noah se sobresaltó y me miró triste y confuso-. Sería un trasto inútil en tu equipaje, puesto que a partir de ahora nuestros caminos se separan.
- ¿Qué?
- Lo que oyes. Ya no aguanto más. A partir de ahora tú quédate aquí o haz lo que te apetezca. Yo volveré a Hollbruck y me despediré de los que me querían antes de partir hacia el mar
yo solo.
- Pero
¿por qué? Jack, ¿por qué te vas sin mí?
- Lo sabes muy bien. Tú ya no me necesitas.
- Otra vez con este tema
¿Cuántas veces tendré que decirte que
?
- ¡Cállate!- sin poderme contener le di un empujón que casi lo tira al suelo, y salí de la casa con la mochila en la espalda. Noah me siguió y aún no sé cómo logró detenerme.
- ¡Jack Moon! ¡Pedazo de estúpido, paranoico, cobarde y tozudo! ¡Detente de una vez! ¡Deja de buscar excusas para abandonarme!
- ¿Excusas? ¿Qué cuentos son esos? No eres más que un cerdo traidor
- Noah abrió tanto los ojos que creí que se le saltarían de las órbitas.
- ¿Traidor? No me lo puedo creer
- Yo aún menos
Pero si no tienes nada mejor que decirme, mejor me marcho y os dejo solos
como buena familia feliz que sois, ni siquiera os acordaréis de mí en un par de días.
- ¿Pero se puede saber qué te pasa? ¿Eres idiota o eres idiota? ¡Jack Moon
!- estaba tan furioso que ni siquiera le salieron las palabras-. Ya sé qué quieres. Ya sé por qué tanto interés en visitar Hollbruck
- Para decirles adiós a aquellos que me dieron la vida
- ¡Y un cuerno!- Noah se puso a llorar de rabia y amargura-. Es por ella, ¿verdad? Todo es por ella. Como cuando éramos niños
como siempre. No quieres irte sin llevarte todos aquellos recuerdos de ella que estos años conmigo a lo mejor te han hecho olvidar
- ¿De qué demonios estás hablando?
- Lo sabes muy bien. De Rosalyn.
- No metas a Rosalyn en esto, Noah. Sabes perfectamente que no tiene nada que ver.
- ¿Ah no? Y una mierda
Siempre he estado y siempre estaré a la sombra de aquella
puta
que no te ha dado ni una ínfima parte del amor que yo te he dado
- ¿Amor? No me hagas reír
Además, ¿qué derecho tienes tú a insultarla? No eres mucho mejor que ella- dicho esto me dispuse a marchar. Noah permaneció en silencio, pero acto seguido se interpuso en mi camino-. Apártate.
- No me da la gana, pedazo de cabrón. ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Qué es lo que he hecho? Creía que ayer
- Ah, sí, claro
creías que un polvo serviría para calmar mi enojo por lo de esta noche ¿no?- Noah abrió los ojos como platos y se puso más que colorado, y luego se quedó blanco como el papel-. Bieeeen
¿ahora recuerdas? Enhorabuena. Ahora apártate de mi camino, o te juro que acabaremos mal.
- Jack, no
- su expresión era de tan profundo pesar que me hizo dudar un poco, pero me recordó enseguida a la cara que puso Rosalyn justo antes de llevarme al cobertizo a que me mataran-. No es lo que piensas
no es lo que parece
- Ah, puede que no
A mí me pareció un beso, pero dime, si no fue eso, ¿qué es lo que fue?
- Jack, Héctor
Héctor se despierta a menudo por las noches
Bueno, no está despierto exactamente
deambula por la casa por las noches y
-
y va a hacerte una visita. Mira qué amable
- ¡Jack! ¡Está dormido! ¡Cree que soy su mujer!
- Noah, deja de menospreciar mi inteligencia, ¿vale? Eres patético. A mí me pareció que estaba muy despierto. ¿Cuántas veces te has acostado con él, eh? ¿Cuántas? ¿Desde cuándo me engañas? No puedo creerlo, Noah, no me lo puedo creer. Pensaba que eras lo mejor de mi vida. Ahora veo lo equivocado que estaba. No eres más que basura, ¡basura como todos!- de un manotazo le aparté de mi camino, pero él se asió a mi brazo.
- Jack, por favor, escúchame
- sin poderme contener, sacudí mi brazo para deshacerme de él y le pegué un bofetón. Esta vez sí que se cayó al suelo, con una mano en la mejilla.
- Vete al infierno, Noah. Tú y Héctor y toda esta mierda de mundo. Por mí como si te mueres. Desde luego, por lo que a mí respecta, estás muerto.
Me alejé tan deprisa como mis piernas me permitieron, pero aún pude oír un débil te odio. Jamás pensé que aquella voz tan dulce podría pronunciar tal cosa. Jamás pensé que me la diría a mí. Se me clavó como un enorme cuchillo en mi corazón. De repente, una sensación de frío invadió mi cuerpo y detuve mis pasos. Sentí como si el mundo se tambaleara, como si girara y girara a toda prisa. Sentí que las verdades eran mentiras, y las mentiras verdades. Sentí que había cometido el mayor error de toda mi vida, me sentí morir, no podía respirar. Ya estaba llorando cuando me giré y vi a Noah tendido en el suelo. No se movía. Corrí hacia él, corrí y corrí
qué lejos que parecía
Me arrodillé a su lado y apoyé su cabeza en mi regazo. Estaba pálido como un muerto, no respondía a mis palabras. Me puse a gritar, el dolor me desgarraba por dentro. No podía dejar de gritar, de llorar. Todo me había abandonado.
Después de eso todo se confunde en una neblina de pasmo y dolor. Sentía como si hubiera descendido hasta los mismísimos fuegos del infierno, presos mis miembros por cadenas de plata, cadenas de dolor que abrasaban mi piel, mis entrañas, mis sentidos. La única imagen que veo nítida es la de Héctor entrando a Noah en brazos por la puerta. Y la última frase que oí de sus labios antes de desmayarme.
- Noah se está muriendo.
Pasé un par de días ausente de toda realidad. Cuando desperté de mi desvanecimiento el cuarto estaba casi a oscuras y Noah estaba tendido a mi lado.
- Héctor
- le llamé. El hombre se levantó de la silla desde donde observaba a mi compañero y se sentó en mi cama. No sé cómo, me encontré llorando entre sus brazos-. Lo siento mucho, yo no quería
pero es que yo
soy tan estúpido
. Y ahora por mi culpa
- Héctor me acariciaba y me susurraba palabras de consuelo.
- Tranquilo
tranquilo
No ha sido culpa tuya. Noah estaba enfermo, podría haber ocurrido en cualquier momento, ante cualquier situación. Seguramente no ha sido más que una mera coincidencia.
- No, Héctor. Ha sido culpa mía. Si no hubiera sido tan estúpido
Le dije cosas tan horribles
- Olvídalo- Héctor parecía incómodo-. Yo tengo la culpa- me aparté un poco de él y le miré extrañado. Parecían carcomerle los remordimientos, y me sobrevino de nuevo cierta flaqueza, al pensar que a lo mejor sí que era cierto lo que yo pensaba: que Noah me había sustituido-. Desde que Noah
desde que estáis aquí
he soñado muchas noches con mi mujer. Soñaba que estaba ahí tendida, en la cama de Noah, y yo podía confesarle todas aquellas cosas que hubiera querido decirle antes de que se fuera, palabras que me abrasaban y me consumían poco a poco. Por la mañana, al despertar, ella ya no estaba. Me había dejado de nuevo, pero su recuerdo, más fresco, permanecía en mí. Me sentía muy bien de tenerla otra vez conmigo, aunque sólo fuera por unas horas... aunque sólo fuera un espejismo
Ella de alguna forma había regresado.
¡Jack! ¡Está dormido! ¡Cree que soy su mujer!. Las palabras de Noah se me presentaron de repente y me dolieron como mil puñales. ¿Así que era cierto? ¿Héctor era sonámbulo y pensaba que Noah era su amada?
- Pero Héctor
eso no significa que la enfermedad de Noah sea culpa suya.
- No estoy seguro
- ¿Qué?- me sentí súbitamente alarmado por esta afirmación-. ¿Lo envenenó?
- ¡Noooo! No, Dios me libre, eso no lo haría jamás
- Entonces no le comprendo, Héctor
- estuvimos callados largo rato. Al final Héctor rompió de nuevo el silencio.
- Mientras vi que estaríais aquí largo tiempo, me esmeré mucho en los cuidados de Noah, y se fue recuperando muy deprisa.
- Es verdad.
- Pero claro, cuanto mejor se encontraba, más cercana estaba la hora en la que debía irse. Y con él, los recuerdos de mi mujer
No sé por qué, pero estoy seguro que inconscientemente no lo cuidé tan bien y por eso enfermó de nuevo
- Pero ¿cómo dice esas cosas?- le pregunté. Me sentí muy irritado. No por Héctor, si no por mí, por dejar que él cargara con toda la culpa; cuando el único culpable de todo era yo. Por celoso, por estúpido. Por egoísta-. Eso no es cierto, Héctor. Yo sólo fui empeorando las cosas. No estuve a su lado cuando me necesitó. Al contrario. No dejé de molestarle y enojarle, de girarle la espalda. Me comporté como el imbécil que soy. Y ahora voy a perderle. Jamás me voy a perdonar lo que le he hecho
lo que os he hecho a los dos. Perdóneme Héctor. Se lo suplico. Perdóneme
- y en ese punto me puse a llorar.
Héctor me abrazó y me meció hasta que, supongo, me dormí. Porque cuando desperté él ya no estaba. Se había ido al lado de la cama de Noah, y le estaba examinando. No parecía muy esperanzado. De repente se sentó, con los codos apoyados en las rodillas, y se puso a llorar tapándose la cara con las manos. Yo me acerqué a él y le puse una mano en el hombro. Miré a Noah. Su pecho apenas se movía al ritmo de su respiración, tenue, lenta y pesada, si es que aún respiraba. Su rostro había perdido todo color.
- ¿Está
?- la pregunta se me quedó atascada en la garganta. Me costaba respirar, me mareaba. Todas las cosas que me rodeaban fueron perdiendo su forma, para unirse en una gran masa de tinieblas. Todos los colores se borraron, todos los sonidos callaron. Todas mis esperanzas se marchitaron.
- Aún no- contestó. Había entendido perfectamente-. Pero
me recuerda a
mi mujer.
- ¿Le queda
mucho? ¿Cree que sobrevivirá?- Héctor no dijo nada, pero yo entendí.
- Es cuestión de horas- murmuró al final.
Todo se desvaneció. El mundo dejó de girar para mí aquél día. Murió mi amor, mi alma, mi esperanza, mi mundo, mis sueños, mis deseos. Todo murió. Porque Noah lo era todo para mí.
Casi no recuerdo nada a partir de entonces. Sólo sé que me acerqué a Noah, le besé en los labios, fríos como el mármol, y bañado su rostro en lágrimas mías de dolor y remordimiento, le dije que lo quería, que lo amaba como nada en este mundo y me fui. Héctor no me reprochó nada. Tan sólo me ayudó a colgarme la mochila en la espalda y me despidió de los niños. Me dijo que cuidaría de Noah. Y me marché para no regresar.
Noah
¿Cuánto tiempo más sobreviviste después de que yo me fuera? ¿Hasta cuándo se prolongó tu agonía? Muchas veces he pensado en eso. Me he reprochado no haberme quedado contigo, al lado de tu cama, cogiéndote la mano y contemplando como poco a poco te marchitabas, como tu vida se escapaba entre mis dedos. Luego, quizás hubiera podido llorar, horas y días y meses, alimentándome solo de mis lágrimas y mi pesar, hasta seguirte, hasta morir de pena. Pero fui cobarde incluso para eso. No pude soportar siquiera la idea de perderte para siempre, y aún ahora que ya no me queda nada, mis ansias de vivir persisten, pero ya no me sirven. Estoy demasiado cansado. Lo único que me da más miedo que morir es pensar que no nos veremos en el Cielo. Porque, a pesar de que sé que tú estarás ahí, una bestia como yo no puede estar entre ángeles.
A menudo he pensado que me visitarías alguna vez en mis sueños, para perdonarme todo lo que te dije; aunque yo me conformaría con que te despidieras de mí para siempre. Pero nunca apareciste, y eso me rompe el corazón. ¿Era cierto lo que me dijiste? ¿Moriste odiándome? Supongo que sí. No sé cuándo me volví tan despreciable, pero incluso un corazón grande y puro como el tuyo no tenía lugar para ese desgraciado monstruo en el que me había convertido, aún sin la luna llena. Lo siento, Noah. Lo siento mucho. Espero que tu último recuerdo, el que te acompañó en ese último suspiro, fuera de los buenos tiempos que pasamos juntos. Y que tu noble corazón, estés donde estés, pueda algún día perdonar a este pobre diablo.
Viajé durante días, durante semanas y meses, sin parar. No sentía apenas fatiga, ni hambre, ni sueño, ni dolor. Todo ese tiempo me parece una especie de raro sueño; o más bien pesadilla. Andaba y andaba sin saber la dirección que tomaría en el siguiente cruce, pero aún así mis pies me llevaban prácticamente solos a mi destino. No se puede decir que me importara mucho. Todo me daba lo mismo, yo sólo podía pensar en Noah; en Noah y en mis padres y en Héctor y en todo lo que dejaba atrás. Lo que más quería en el mundo lo había perdido, y no tenía la oportunidad de recuperarlo, ni siquiera una pequeña parte.
Pasadas unas cuantas semanas sin más novedad que las dos transformaciones que acaecieron, llegué a una pequeña aldea. No estuve muchos días allí, porque no necesitaba dinero. Comía poco, y siempre de lo que encontraba. Eso, cuando me acordaba de comer: muchas veces recuerdo haber pasado dos días sin más alimento que el agua fresca de una fuente o de un arroyo. Y de dormir, dormía a la intemperie. Era ya otoño, pero aún hacía buen tiempo, y fuera, aunque se pasaba un poco de frío, se estaba bastante bien. En aquél pueblo fue donde me compré un caballo para ir más de prisa en mi viaje. Lo llamé Rayo.
Tenía muchas ganas de llegar por fin a Hollbruck, porque durante esas semanas me había propuesto que, si salía con vida de allí, me dirigiría al mar e intentaría cumplir el sueño que tenía con mi amado Noah. Más que por un intento de encontrar la felicidad, como una penitencia. Porque sabía que aquél viaje me recordaría cada día con más intensidad a la persona que más me había querido en este mundo, a excepción de mis padres. Y recordaría, asimismo, los buenos momentos que pasamos y que nunca volverían, y las malas palabras que le dije, lo mucho que por mi culpa sufrió, y así, con esa penitencia, a lo mejor lograría limpiar la culpa que me corroía y se me comía vivo.
Pero Rayo, más que vehículo, me sirvió de compañía. Estando con él me sentía un poco mejor, puesto que no estaba solo, pero no tenía que darle conversación, no tenía que oír palabras que no me gustaran de su boca, ni él de la mía. Viajábamos juntos en silencio pero, para mí, tenerlo fue un alivio. No sabría decir si fui más rápido o no; no sabría decir los días ni los meses que pasaron. Sólo sé que una mañana me encontré un bulto ensangrentado a mis pies, un amasijo de piel, huesos y músculos desparramados todos a mi alrededor, y mis manos, mi cuerpo, mi cara, mi pelo, mi ropa
todo, todo manchado de mi crimen. Me desaté la cadena del cuello, me lavé como pude y me marché llorando. Me había quedado sin nada, sin nadie. Ni siquiera un inocente caballo estaba a salvo de mí.
Supongo que será lejano este episodio, pues desde entonces ya han pasado por lo menos tres lunas llenas. Pero me siento muy confuso. Desgarradoramente desgraciado, triste, aterrorizado y confuso. Me quiero morir. No tengo a nadie. La soledad me está consumiendo, yo mismo me estoy aniquilando poco a poco. Todo aquél que está cerca de mí sufre algún daño, ya no por culpa de mis perseguidores, sino por culpa mía. Como hombre o como lobo, eso es indiferente: no soy más que un monstruo. No merezco nada más que la muerte, pero eso para mí sería una liberación de todos los dolores y los pesares que estoy sufriendo. Me merezco esa pena que se me ha impuesto, tengo que purgar mi alma de mis pecados. Sólo así podré por lo menos limpiar el nombre de mis padres, que por mi culpa se ha visto manchado. No quiero que la gente los recuerde como aquellos que dieron su vida llena de gracia por la de un hijo que no lo merecía.














Comments
--
La espada del samurai es curva e inflexible para que la vida de este sea recta y flexible
[link] Dejen un Comment
--
Join my clubs
I'M A PROUD PERCY WEASLEY FAN. DEAL WITH IT!
Why do I like yaoi, you ask? It's because I hit my head as a child and ever since I just can't think straight! xDDD
--
La espada del samurai es curva e inflexible para que la vida de este sea recta y flexible
[link] Dejen un Comment
--
Join my clubs
I'M A PROUD PERCY WEASLEY FAN. DEAL WITH IT!
Why do I like yaoi, you ask? It's because I hit my head as a child and ever since I just can't think straight! xDDD
--
~ ~ ~ ~
La felicidad no es un bien que pueda atesorarse; es una manera de pensar, un estado de ánimo.
Rebecca,
Daphne du Maurier
--
Join my clubs
I'M A PROUD PERCY WEASLEY FAN. DEAL WITH IT!
Why do I like yaoi, you ask? It's because I hit my head as a child and ever since I just can't think straight! xDDD
--
~ ~ ~ ~
La felicidad no es un bien que pueda atesorarse; es una manera de pensar, un estado de ánimo.
Rebecca,
Daphne du Maurier
Previous PageNext Page