Había una vez, en un lugar muy lejano, un castillo rodeado de pinos donde vivían un rey y una reina con su hija. La princesa había sido siempre una niña muy risueña y feliz, pero el rey y la reina contemplaban con pesar como, desde hacía un tiempo, su pequeña había sustituído la risa por el llanto, las canciones por los suspiros, y las danzas por el vagarear sin sentido por los pasillos del palacio.
Angustiados por una situación que parecía no tener fin, el rey y la reina pidieron consejo a los sabios más sabios del reino. Estos les dijeron que la princesa precisaba de estudios que fortalecieran su mente y ampliaran sus horizontes, para así sentirse llena y útil y, en consecuencia, más dichosa.
Filosofía, Historia, Latín, Ciencias
la princesa lo estudió todo, y todo la llenó y todo la hizo sentirse útil. Pero de sus labios no escapaba una sonrisa.
Al ver fracasado su primer intento, el rey y la reina pidieron consejo a los médicos del reino. Estos les dijeron que la princesa precisaba de una buena alimentación que purificara su organismo, para así sentirse más sana y limpia y, en consecuencia, más dichosa.
Ensaladas, verduras, manzanas, pescado
la princesa comió todo cuanto le dijeron, y todo la sanó y todo la hizo sentirse limpia. Pero de sus labios no escapaba una sonrisa.
Viendo que su triste situación no cesaba, el rey y la reina pidieron consejo a los guerreros del reino. Estos les dijeron que la princesa precisaba de ejercicio que fortaleciera su cuerpo, para así sentirse más fuerte y ágil y, en consecuencia, más dichosa.
Hípica, atletismo, esgrima, pesas
la princesa hizo todo el ejercicio que le indicaron, y todo la fortaleció y todo la agilizó. Pero de sus labios no escapaba una sonrisa.
Habiendo ya agotado todos los recursos que se les ocurrieron, el rey y la reina pidieron consejo a los habitantes del reino. Estos les dijeron que la princesa precisaba de ocio que la hiciera olvidarse un poco de tanto estudio, alimentación sana y deporte, para así sentirse más libre y descansada y, en consecuencia, más dichosa.
Fiestas, concursos de talento, meriendas, gincanas
la princesa participó en todo, y todo la hizo sentirse más libre y más descansada. Pero de sus labios no escapaba una sonrisa.
Ya desesperados, el rey y la reina no vieron otra salida a su situación que la de decretar una ley que prohibiera a todos la sonrisa hasta que la princesa hubiera recuperado la suya. Y así se hizo.
Un bonito y triste día de primavera, la princesa estaba sentada en sus aposentos mirando por la ventana, cuando vio a un hombre cubierto de hollín que pasaba alegre y sonriente por el camino. Con una mezcla de envidia y curiosidad, la princesa se levantó y sacó medio cuerpo por la ventana para llamarle.
- ¡Eh! ¡Escuchad, buen hombre!- gritaba la princesa.
El hombre se detuvo y miró extrañado a su alrededor.
- ¡Aquí, en la ventana!- dijo la princesa. Al verla, el hombre se quitó el casco que llevaba, para mostrar un pelo rubio y desaliñado enmascarado de hollín.
- ¡Buenos días, alteza!- respondió, y con una reverencia la saludó.
- ¡No sé qué tienen de buenos!- suspiró la princesa.
- ¡¿Cómo?!- se exclamó el hombre, rascándose la cabeza con extrañeza-. ¿Tantos estudios para acabar sin saber reconocer un bonito día? El sol está en alto, el cielo es azul, la brisa es dulce, los pájaros cantan y la hierba está cubierta de flores. ¿Cómo podéis vos dudar de que se trata de un buen día?
La princesa estaba algo indignada por el descaro del hombre y a punto estuvo de cerrar la ventana. Pero sentía envidia de su sonrisa y quería saber por qué él era feliz y ella no. Así que le preguntó:
- Pero, ¿es que vos no habéis oído hablar de la nueva ley que prohíbe la sonrisa a todos los del reino hasta que yo recupere la mía?
El hombre la miró con los ojos como platos, y la sonrisa que esgrimía se borró.
- No es por ir en contra de la ley, alteza- contestó el hombre-. Es sólo que desconocía que existiera.
- ¿Cómo es eso posible?- preguntó la princesa-. ¡No hay nadie en el reino que no la conozca!
- Disculpadme, mi princesa- dijo el hombre, ahora avergonzado-. Yo no soy más que un humilde minero. Paso el día bajo tierra trabajando, y al salir, me voy a un lugar donde nadie puede encontrarme. No es extraño que lo ignorara. Pero igualmente, no entiendo cómo alguien puede decretar una ley semejante. ¿Es que ya no nos ama vuestro buen padre que nos condena a la infelicidad?
La princesa se encogió de hombros: no lo había visto nunca de ese modo. Finalmente respondió:
- No creo que sea por eso, minero. Creo que lo único que intenta mi padre es que la gente se esfuerce de verdad en encontrar un remedio a mi mal.
- ¿Es que nadie ha querido ayudaros?
- Sí señor, pero no han podido.
- ¿Con quién lo habéis consultado, alteza?
- Con los sabios más sabios, con los médicos, con los guerreros y con el pueblo.
- ¿Y con vos, mi princesa? ¿Alguien os ha preguntado a vos?
La princesa volvió a encogerse de hombros y negó con la cabeza.
- A mí nadie me escucha.
El minero la miró y esgrimió una nueva sonrisa, teñida de tristeza y compasión.
- Alteza, yo sólo soy un pobre minero y vuestro más humilde servidor- dijo el buen hombre con dulzura-. Pero si vos me lo permitís intentaré acabar con ese mal que os roba la alegría.
- ¿Creéis vos que podréis hacer eso?- preguntó con ansia la princesa.
- Haré todo cuanto esté en mi mano
que me temo que es muy poco- contestó el pobre minero sin más, y le instó a que lo acompañara en su camino. La princesa tuvo que negarse porque no quería que con ella fueran ninguna de sus doncellas ni guardaespaldas, pero quedaron de acuerdo para encontrarse aquella noche junto a una fuente de agua cristalina que había en la entrada del bosque.
Llegó la noche y lo cubrió todo con su manto de estrellas. La princesa pidió a una de sus doncellas, la más fiel, que se vistiera con su camisa de dormir y se metiera en su cama para que nadie la echara en falta. Gracias a la inteligencia que los estudios le habían despertado, la salud que la alimentación sana le otorgó, y la agilidad que había conseguido con sus entrenamientos, no le resultó difícil a la princesa salir de palacio sin ser vista.
Era casi media noche cuando llegó a la fuente, y el buen minero ya la estaba esperando y le hizo una reverencia. Acto seguido, se puso en marcha y la princesa lo siguió.
- ¿Adónde me lleváis?- preguntó la princesa, algo angustiada.
- A un lugar secreto que creo que os curará.
Caminaron durante mucho rato sin decir nada más, hasta que llegaron a una humilde casita de madera rodeada por una zanja. La princesa estaba algo desilusionada: no entendía que una casita tan pequeña y humilde pudiera representar para ella un consuelo. Pero aún así, siguió al hombre cuando éste entró en la cabaña y atravesó la única habitación de la misma para salir por la puerta que había al otro lado.
- Aquí es donde me refugio cuando necesito tranquilidad, o cuando estoy triste- dijo el hombre-. O simplemente, cuando tengo ganas de sentarme en un rincón y no pensar en nada.
La princesa no entendió al principio a lo que se refería el minero, pero cuando éste se apartó del marco de la puerta y ella pudo dar un paso adelante, notó que su pequeño pie caminaba por algo que parecía una nube de lo mullido que era. Miró a sus pies y comprobó que no era más que césped. Volvió a alzar los ojos y vio que lo que en la penumbra le habían parecido sólo unas cuantas ramas torcidas y unas pocas malas hierbas era en realidad el jardín más bello que sus ojos jamás habían visto. Era un lugar pequeño y húmedo, con un modesto banco de madera en el medio, rodeado de flores multicolores y árboles cargados de frutos. De las ramas de los árboles colgaban farolillos de colores diversos que le daban un aire de jardín encantado, como si fueran pequeñas hadas que se hubieran posado en sus hojas para descansar.
- Sé que no es nada comparado con los inmensos jardines de vuestro palacio, aún si lo visitárais de día, cuando las flores y su colorido se ven en su plenitud- confesó el minero, que se había quedado un poco atrás al entrar la princesa en el jardín-. Pero es mi jardín secreto, lo más valioso que poseo, y lo que con más esmero he cuidado y arreglado en toda mi vida; y bien habrá valido la pena el esfuerzo si así puedo ver de nuevo vuestra sonrisa.
El minero no podía imaginarse que su deseo se cumpliría tan pronto. Al girarse la princesa con los ojos llenos de lágrimas, que centelleaban como joyas con los reflejos multicolores de los farolillos, pudo ver algo que brillaba todavía más que todas las estrellas del universo: una sonrisa. El minero cogió a la princesa de la mano y ambos se sentaron en el banco de madera, a contemplar la belleza del jardín hasta que los primeros rayos del alba instaron a la princesa a regresar a su palacio.
Pero antes de partir, ya en la puerta de la humilde cabaña del minero, la princesa pareció otra vez triste por un momento. El minero le preguntó qué le ocurría.
- Os envidio por poseer un lugar que nunca nadie podrá alcanzar, y donde nada ni nadie podrá nunca heriros. Ojalá pudiera yo tener esa suerte- se lamentó la princesa. El minero sonrió y le cogió la mano.
- ¡Ay, mi princesa!- le dijo dulcemente-. Puesto que para vos mi jardín ya no es un secreto, no tiene ningún sentido que no podamos compartirlo como hemos hecho esta noche. El remedio a vuestro mal era simplemente encontrar a alguien que os comprendiera-. La princesa sonrió agradecida y volvió dando saltitos al palacio. A la mañana siguiente el rey ordenó derogar la ley que impedía a los ciudadanos sonreír. Y así fue como un humilde minero consiguió devolver la felicidad a todo un reino.
La princesa siguió con sus visitas a la pequeña cabaña del minero durante muchos, muchos años. E incluso hay quien cuenta que, así como se veían a escondidas, también se llegaron a casar a escondidas.
Pero yo, como humilde narradora de este cuento, no me atrevería a decir tanto.
















Comments
AWW! I LOVE IT MUM!!
And I already told you what I think about it, so I'm not gonna write it all again! xDDDD
But it's soooooooooo cute!!!
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***Mischief Managed!!***
*Nox*
~~> Susi é desenhista nas horas vagas... muito vagas.... XD
Lo curioso es que yo mantengo una relación REALMENTE similar, así que lo entiendo perfectamente
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I'm the Living Darkness...
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"Bow down to others with admiration and respect, nephew, but never with sumission!" - Raistlin Majere - Dragonlance
Por ejemplo el castillo está rodeado de pinos porke donde yo trabajo, k es donde nos conocimos, es una urbanización llamada "Pinedes" porke... hay muchos pinos xD
Y lo de k cuando se kita el casco y muestra su pelo rubio... yo le llamo "Rubio" porke es como le llamaba cuando no sabía su nombre y así se le ha kedado xDDDD
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(cuantas cosas que no me has contaaaado XD)
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Society often forgives the criminal; it never forgives the dreamer.
Oscar Wilde
If you have built castles in the air, your work need not to be lost; that is where they should be. Now put the foundations under them.
H.D. Thoreau
Gracias por el fav!!! AWW!!!
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Es una muy buena historia... a veces hay que compartir con nuestras almas gemelas nuestros pensamientos, pasiones, lugares secretos para volver a sentirse libre en todos los sentidos... para que la luz no muera en tus ojos... porque sabemos que alguien sabe cómo te sientes y, aunque sólo sea con una sonrisa, consigue hacerte sentir segura y acompañada...
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Dicen que un reino tembló bajo mi tempestad, que yo era la última (única) de mi especie, que ya no vendrían más, que yo seria la última en recibir el legado de los Antiguos, la última en ahogarme en las cálidas aguas de Avalón...
Yo, el Hada Morgana
Supongo que en el fondo se nota lo que sale directamente del corazón cuando lo escribes
Y eso que dices es la pura verdad!! Nuestros sentimientos son nuestros, pero para nada exclusivos: segurisimo k en alguna parte del mundo hay alguien que puede comprenderlos, porke se siente o se ha sentido del mismo modo. Si tienes la suerte de poder compartir lo k te pasa por la cabeza con ese alguien, bien merece el esfuerzo cuidarlo para k nunca se vaya!!!!
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y bueno, ya sabes que siempre puedes compartir tus sentimientos conmigo
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Dicen que un reino tembló bajo mi tempestad, que yo era la última (única) de mi especie, que ya no vendrían más, que yo seria la última en recibir el legado de los Antiguos, la última en ahogarme en las cálidas aguas de Avalón...
Yo, el Hada Morgana
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